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¡Alguien está esperando por usted! Kenneth Copeland 19 June Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.

En Marcos 9, encontramos la historia de un padre que llevó a su hijo endemoniado ante Jesús y le pidió ayuda. De acuerdo con este versículo, Jesús reprendió al espíritu y le ordenó que saliera de él. Podría pensar que eso fue muy sencillo. Pero en el versículo 26, Jesús enfrentaba una situación, donde pudo haber adoptado cualquiera de las siguientes dos posturas: anular todo con incredulidad… o simplemente confiar: «Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto». ¡Qué suceso! Aquel hombre acudió a Jesús por ayuda. Él reprendió al espíritu, lo echó fuera y luego el joven parecía muerto. Desde una perspectiva claramente natural, daba la impresión como si Jesús hubiera empeorado la situación. Es probable que usted haya sentido lo mismo cuando se trata de imponer manos sobre los enfermos. Talvez lo ha hecho sobre alguna persona, y ésta no parecía haber sanado. Incluso es posible que ni siquiera se arriesgue a imponerlas porque no está seguro de que funcione. Bien, resuelva este problema de una vez por todas. Cuando Jesús enfrentó esa circunstancia, tuvo más fe en la Palabra que en Sus sentidos naturales. Él no dependió de las manifestaciones, pues confiaba en que Sus palabras se habían cumplido. En el versículo 27, leemos: «Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó». ¡Se levantó! Si usted impone manos sobre alguien, y no la sanidad de inmediato; no crea que la sanidad no se manifestará, pues ésta siempre llega. Su responsabilidad es ser obediente a la Palabra e imponer manos sobre los enfermos. Ahora bien, es posible que no todos sanen. A veces las personas no obtienen la sanidad, pues algunos sienten miedo, dudan o tienen falta de perdón; por tanto, no pueden recibir lo que Dios les está dando. No obstante, cuando esto sucede, lo último que debería hacer es renunciar a su fe y declarar: “Bien, supongo que no funcionó esta vez”. ¡No lo haga! ¡Su fe puede ser la única esperanza que esa persona tenga! Siga creyéndole a Dios. Actúe igual que Jesús: confíe. No sea movido por lo que ve con sus ojos naturales. Declare: Señor, obedecí Tu Palabra. Impuse manos sobre el enfermo y en lo que a mí respecta, cada persona sobre la cual he impuesto manos se sanará. Permanezco en fe por su recuperación. Dios, abre los ojos de su entendimiento, así ellos podrán recibir por completo su sanidad. Después de expresar esta declaración, no retroceda. Avance en fe. De forma valiente, imponga manos sobre el enfermo. Permanezca a la expectativa de que Dios cumpla lo que prometió. Y así como el joven endemoniado, existen personas allá afuera que necesitan que alguien con suficiente fe les ayude a recibir su milagro —¡personas que esperan por alguien como usted!—. 1 Crónicas 18-19; 1 Timoteo 5 En el nombre de Jesús, impongo manos sobre los enfermos, y éstos sanarán (Marcos 16:18).

Scripture Reading: Marcos 9:14-29