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Busque el conocimiento de Su gloria Kenneth Copeland 11 June Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.

Éste es el tiempo para la gloria de Dios. Hemos llegado al final de los últimos días y al momento del cual Zacarías profetizó: “Pídanle a Jehová que llueva en la estación tardía o primavera. Es el Señor quien hará relámpagos que anunciarán la lluvia y le enviará a la humanidad lluvia abundante y hierba para todos en el campo” (Zacarías 10:1, AMP). En este versículo, él no sólo se refería a la lluvia o a los relámpagos naturales, sino a esa nube brillante y resplandeciente de la gloria de Dios; la cual marca el comienzo del derramamiento del Espíritu, y abre el camino para el tiempo final de la cosecha de almas. Él está señalando el mismo día al que Santiago se refirió en el Nuevo Testamento. Tanto Zacarías como Santiago miraron hacia el tiempo inmediato que precede la venida de Jesús. ¡Y ése es nuestro día! Hemos llegado a este tiempo. La gloria se está comenzando a revelar a nuestro alrededor y la lluvia ya comenzó a caer. Es impresionante pensar que Dios nos ha elegido —a esta generación de creyentes— para vivir en este tiempo. Nos ha escogido para ayudar a anunciar la gloria. ¡Qué gran privilegio! Sin embargo, éste conlleva una gran responsabilidad. Y debido al tiempo en que vivimos, no podemos acomodarnos y quedarnos sentados sin hacer nada, y sólo jugar a la iglesia. No podemos agitar nuestras manos y expresar de manera indiferente como algunos en años anteriores: “¡Ah, la gloria!”. Y no tener idea alguna de lo que en realidad es la gloria. No, es nuestra responsabilidad seguir el ejemplo del apóstol Pablo y proponernos conocer a Dios (Filipenses 3:10). Es importante que decidamos conocer al Ungido y Su unción —Su poder que remueve cargas y destruye yugos— y entender el poder de Su resurrección, el cual de acuerdo con Romanos 6:4 es la gloria de Dios. Algunas personas evaden esta responsabilidad, argumentando: “Bien, no estoy buscando la gloria, me siento contento con sólo buscar al Señor”. No obstante, usted no puede separarlos. No puede apartar a Jesús, el Ungido y Su unción, de la gloria. Tampoco al Espíritu Santo ni al Padre. Todos ellos son uno solo y todos son gloriosos. La gloria es la manifestación de Dios mismo. Por tanto, busque al Señor y el conocimiento de Su gloria. 2 Reyes 25; 1 Crónicas 1-2; 1 Tesalonicenses 3-4 Soy paciente para la venida del Señor, porque Él está esperando el precioso fruto de la tierra (Santiago 5:7).

Scripture Reading: 2 Corintios 4:6-7