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Conviértase en un candidato para recibir la prosperidad Gloria Copeland 09 May Manténganse libres de deudas y no deban nada a nadie, excepto el amarse unos a otros...

Recuerdo que hace tiempo, Kenneth y yo sabíamos que debíamos confiar en que Dios tomaría el control de nuestras finanzas. No obstante, yo consideraba que era mi trabajo preocuparme por cómo pagaríamos nuestras deudas. Pasaba gran parte de mi tiempo pensando: ¿Qué vamos a hacer con estas deudas? ¡Creía que era mi obligación preocuparme! Entonces ¡descubrí que no era la voluntad de Dios que me preocupara! Su voluntad es que confiemos en que Él cuidará de nosotros. También entendí que como creyentes no debíamos actuar igual que las personas que viven sin Dios, quienes van tras las riquezas materiales y tras el dinero. Buscan las riquezas porque no tienen un pacto con Dios; por tanto, si no las buscan ¡no las obtendrán! Sin embargo, no somos como estas personas. No estamos en este mundo sin Dios y sin un pacto (Efesios 2:12-13). El Señor nos ha prometido provisión, nos ha asegurado en Su Palabra que no sólo suplirá nuestras necesidades, sino que también nos dará en abundancia. No obstante, es importante recordar que un pacto siempre se establece entre dos personas, y cuenta con dos partes. Un pacto indica: “Si usted hace esto, entonces yo cumpliré mi parte”. La parte que Dios debe cumplir en este pacto es prosperarnos —en espíritu, alma y cuerpo, así como financieramente—. En cambio, nuestra parte no consiste en perseguir la prosperidad, sino en buscar primero Su Reino. ¡E imitar Su manera correcta de ser y de proceder! También nos corresponde declarar: Señor, haré cualquier cosa que Tú me ordenes que lleve a cabo. Obedeceré Tu Palabra y realizaré lo correcto ante Tus ojos —incluso cuando parezca difícil—. Por supuesto, obedecer la Palabra no le costará nada, a la larga ¡le brindará grandes beneficios! Pues cuando busca a Dios y actúa conforme a Sus caminos, usted siempre se coloca en una posición para recibir en abundancia. Seré honesto con usted, habrá momentos en los que no sabrá cómo llegará ese incremento a su vida. Kenneth y yo lo experimentamos, pues hemos atravesado por esa situación. Cuando leímos por primera vez Romanos 13:8, no estábamos muy emocionados por lo que allí enseñaba. En ese entonces, nos parecía como que si nunca lograríamos alcanzar el éxito en el área financiera, sin tener que prestar dinero. Pensábamos: ¿Cómo compraremos un automóvil, una casa o cómo financiaremos nuestro ministerio? ¡Estamos perdidos! No obstante, ya habíamos decidido obedecer a Dios, sin importar cuál fuera el precio; así que nos comprometimos con Él para que nos sacara de la deuda aunque nos pareciera una desventaja. Por supuesto, es una de las más sabias decisiones financieras que alguna vez hayamos tomado. Así funciona todo el tiempo. Obedecer a Dios ¡siempre obra a nuestro favor! Por tanto, colóquese hoy en una posición para prosperar. Déle a la Palabra el primer lugar en su vida. Comprométase a salir de la deuda y vivir libre de ella. Realice los cambios que el Espíritu Santo le indique, y ¡conviértase usted mismo en un candidato para recibir la prosperidad! 2 Samuel 1-2; 1 Corintios 15 Me mantengo libre de deuda y no le debo nada a nadie, excepto amar a los demás (Romanos 13:8).

Scripture Reading: Salmos 37:21-40