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Deposite su fe en el lugar correcto Gloria Copeland 18 October El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.

¿Alguna vez ha escuchado a alguien decir: “No tendría ningún problema en creer que la Palabra de Dios puede sanarme si Él me hablara con voz audible, tal y como lo hizo en Génesis; ¡pero Él aún no lo ha hecho!”? Pues déjeme decirle que Él no actúa así, y probablemente tampoco lo hará. Dios ya no tiene que gritarnos desde el cielo Su Palabra con voz de estruendo; pues hoy en día, Él mora en el corazón de cada creyente. Él nos habla desde el interior, y no desde afuera. Es más, cuando se trata de los beneficios del pacto como la sanidad, ni siquiera debemos esperar que Él nos hable. Pues ¡ya lo hizo! Él ya dijo: «… por cuya herida [la de Jesús] fuisteis sanados» (1 Pedro 2:24). También expresó: «… porque yo soy Jehová tu sanador» (Éxodo 15:26). Además, afirmó: «Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantarᅻ (Santiago 5:15). Él ya cumplió Su parte, ahora nosotros debemos cumplir la nuestra. Es importante que tomemos la Palabra que Él ha declarado, la depositemos en nuestro interior y dejemos que ésta nos transforme de adentro hacia fuera. Comprenda que todo —incluyendo la sanidad— comienza en su interior. Su futuro está literalmente guardado en su corazón. Y en Mateo 12:35, lo leemos. En otras palabras, si desea que las condi¬ciones externas mejoren mañana, debe¬rá comenzar por cambiar sus condiciones internas hoy mismo. Será mejor que empiece a leer la Palabra de Dios; y a depositarla en su corazón de la misma forma que deposita dinero en el banco; ya que sólo así, podrá efectuar retiros cuando sea necesario. Y cuando la enfermedad ataque su cuerpo, podrá disponer de la Palabra de sanidad que haya puesto dentro de usted y ¡podrá echar fuera esa enfermedad! ¿Cómo debería hacerlo? Abra su boca y pronuncie palabras de sanidad y vida, de fe y esperanza —no de enferme¬dad y dolencias; ni tampoco de desánimo y desesperación—. Siga el último paso de la prescripción divina, el cual dice: «Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios» (Proverbios 4:20-24). En resumen, debe repetir las palabras de Dios y declararse sano en el nombre de Jesús. Quizá al principio no sea fácil, pero debe confesarlas. Pues para que la fe obre debe estar en dos lugares: en su corazón y en su boca: «Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:10). Por tanto, sumérjase en la Palabra. Llene su corazón con el buen tesoro de la Palabra de Dios para recibir su sanidad… y confiese desde su corazón esa Palabra con fe. Entonces ¡habrá depositado su fe en el lugar correcto! Jeremías 20-21; Salmo 72 Por la llaga de Jesús soy sanado. Él es el Señor quien me sana (1 Pedro 2:24; Éxodo 15:26).

Scripture Reading: Proverbios 6:20-23