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El corazón del Padre Kenneth Copeland 09 May Y levantándose, vino a su padre, y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

¿Cuánto amor tiene usted por los pecadores?

Eso puede parecer una pregunta extraña, pero es en la que quiero que piense hoy. Con demasiada frecuencia, una vez que somos salvos y nuestra vida está un poquito limpia, empezamos a perder nuestra compasión por los que todavía están perdidos. Vemos al borracho que tropieza en la calle o al empleado en la oficina que le miente al jefe y dice chistes sucios, y los miramos con desprecio espiritual.

Pero si en verdad comprendiéramos el corazón de nuestro Padre celestial, no volveríamos a hacer eso. Jesús contó una historia que nos revela un poco ese corazón: la parábola del hijo pródigo.

Quizá usted la haya escuchado muchas veces, de como el hijo se rebeló contra su padre y no lo honró, y como el padre a pesar de todo, lo recibió en el hogar con gozo cuando el hijo se arrepintió. Pero hay unas palabras que quiero que vea hoy. Son estas: “Todavía estaba lejos (el hijo pródigo) cuando su padre lo vio”.

Esas palabras revelan un poco de manera conmovedora el corazón de ese padre amante. Nos dicen que aún antes de que su hijo se arrepintiera, durante esos largos días cuando todavía andaba en pecado, ese padre velaba por él, deseando que volviera al hogar. Todas las mañanas miraba hacia el horizonte esperando ver la silueta de su hijo. Y lo último que hacía cada noche, era mirar de nuevo… forzando su mirada con esperanza. Su hijo estaba constantemente en su mente, y su corazón siempre estaba lleno de amor por él; la clase de amor abnegado que llevó a ese padre a correr hacia su hijo y besarlo cuando este regresó a casa,.

Esa es la clase de corazón que nuestro Padre celestial tiene por los que están perdidos. Es la clase de corazón que tuvo por usted cuando aún vagaba por el mundo. Es la clase de corazón que le aceptó con los brazos abiertos, aun cuando usted todavía estaba cubierto con la suciedad del pecado.

Hay mucha gente cansada que todavía no ha encontrado esa aceptación. No miremos a esa gente como simples “pecadores”, sino como nuestros posibles hermanos y hermanas, perdidos y necesitados del Padre celestial amoroso. Que Dios nos ayude a mirarlos con amor y a empezar a traerlos al hogar.

Scripture Reading: Juan 8:1-11