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¡El Gran Yo Soy mora en usted! Gloria Copeland 28 February Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

La manera en que el mundo puede ver a Jesús en estos tiempos es a través de nosotros. ¡Somos Su Cuerpo físico! Y si éste no predica el evangelio, entonces no será anunciado. Si Su Cuerpo no impone manos sobre los enfermos, Su ministerio hacia ellos no se cumplirá. Ese pensamiento sorprende a varios, pues consideran que Jesús cambió después de que resucitó y se fue al cielo. Piensan que Él ya no se interesa por ministrar de forma personal a la gente como lo hizo a orillas del mar de Galilea. Sin embargo, Jesús no cambió; Él es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Él aún desea predicar la Palabra, quiere echar fuera demonios y sanar al enfermo. Y Él todavía tiene el poder para hacer estas cosas ?y aun mayores? (Juan 14:12). ¿Y cómo logra Él que todo esto ocurra? Por medio de su vida y la mía. Señálese con su dedo ahora mismo, y declare en voz alta: Yo soy el Cuerpo del Ungido. ¡Él vive ahora en mí! Cuando esa verdad se convierte en una realidad en su vida, las tareas que le parecen imposibles ya no lo abrumarán. Usted no desmayará ni se rendirá, pues sabrá que Dios habita en su interior, y que Él tiene el poder para cumplirlo todo. Cuando Él lo llame a predicar y no pueda expresarse muy bien, simplemente declare: Todo está bien. El Ungido mora en mí y Él me dará las palabras. Si alguien enfermo se le acerca para que ore por él, usted no querrá salir corriendo. Con entusiasmo deseará imponer sus manos sobre esa persona, pues será consciente de que el Sanador vive en su interior; y cuando las imponga, Él estará presente para sanar. ¡El Gran Yo Soy habita en usted! ¡Créalo y viva de esta manera! Números 7:49-78; Lucas 24 Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo (1 Juan 4:4).

Scripture Reading: 1 Juan 4:1-6