Daily Devotionals
KCM
El lugar de oración Kenneth Copeland 21 September Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra...

Ahora más que nunca, es importante que cada cristiano comprenda que estamos en lo último de los tiempos finales. Nos encontramos al borde de experimentar el mayor derramamiento de la gloria de Dios que jamás se haya visto. Cosas sorprendentes y sobrenaturales han empezado a suceder, justo como se ha descrito en la Palabra. No obstante, muchos creyentes permanecen sentados mirando estos eventos como espectadores espirituales. Pareciera como si pensaran que Dios de manera soberana, derramará una gran abundancia de la gloria celestial y que entonces se manifestarán señales y maravillas sobre la Tierra. Pero no ocurrirá de esa forma. En Hechos 2, se nos explica cómo será. Si leyera de nuevo la última parte del versículo, eliminando la puntuación agregada por los traductores, podría notar una conexión divina que la mayoría pasa por alto. Se daría cuenta que el Señor afirma que al momento en que Sus siervos y siervas profeticen, declaren Su divina voluntad y propósito en intercesión y fe; entonces en respuesta a su declaración, Él hará señales y maravillas. Eso significa que si este último derramamiento de la gloria de Dios viene a plenitud; Sus siervos y Sus siervas deben permanecer en su lugar. ¿Cuál lugar? ¡El de oración! Hace algunos años, yo estaba estudiando acerca de la autoridad del creyente y leí varias veces cómo las oraciones del pueblo de Dios precedían Sus obras aquí en la Tierra. Aún así, yo seguía aferrado a la idea de que Él realizaba Sus obras más importantes sin la intervención humana. Un día, mientras oraba con respecto al tema, le pregunté a Dios: —Señor, Tú enviaste a Jesús a este mundo de manera soberana, ¿verdad? —No, no fue así —respondió. —Entonces ¿quieres decir que hubo personas que intercedieron por el nacimiento de Jesús? —le repliqué. ?Sí —afirmó. Luego, me indicó el nombre de Simeón. Mientras el Señor me revelaba la historia de Simeón en Lucas 2, leí cómo él fue dirigido al templo por el Espíritu Santo, el día en que José y María dedicaron a Jesús. Leí cómo Simeón había orado de una manera ferviente, pidiéndole a Dios que enviara al Redentor. Es impresionante que cuando Simeón miró a Jesús, de inmediato reconoció quién era. Pero es aún más sorprendente saber que él ya sabía que Jesús traería salvación a los gentiles (versículo 32); y ésta fue una verdad que la Iglesia descubrió hasta que Pedro fue a la casa de Cornelio ¡10 años después del día de Pentecostés! Debemos continuar arrodillados y comenzar a orar por la plenitud del derramamiento final en estos últimos días. Y empezar a declarar la Palabra de Dios y Su voluntad para este tiempo final en profecía e intercesión, a fin de que Él realice señales y milagros. Por esa razón, debemos entrar al lugar de oración. Isaías 28-29; Salmo 41 Oro de manera constante (Romanos 12:12).

Scripture Reading: Lucas 2:25-35