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¡Él regresará por usted! Gloria Copeland 18 September Por tanto, ya que estas [grandes] promesas son nuestras, amados, limpiémonos de todo lo que contamina y corrompe el cuerpo y el espíritu y que trae [nuestra] consagración con firmeza en el temor [reverente] de Dios.

En la versión Reina Valera 1960, este versículo se traduce como: «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios». Perfeccionar la santidad es simplemente el acto continuo de consagrarse de una manera correcta hacia Dios, en el temor del Señor. El temor de Jehová no significa que usted le tenga miedo a Dios, sino reverencia. Porque mientras más temor del Señor tenga, más obediente será y más se entregará a Él. Ese temor reverente, aumentará al estudiar la Palabra, pasar tiempo con Él y al crecer en Él. En la versión AMP encontramos que debemos limpiarnos de todo lo que contamina y corrompe el cuerpo y el espíritu, de todo aquello que nos impida apartarnos para Dios. Por ejemplo, si usted y yo creemos que el adulterio es incorrecto y no tenemos la intención de adulterar o fornicar; entonces no debemos observar cómo se comete, ni alimentar nuestra vista con el adulterio que transmite la televisión, una película o un libro. Me gusta explicarlo de esta manera: Si no quiere practicarlo, no lo vea. Y este principio se aplica a todo, no sólo al adulterio. No nos debe interesar contaminar nuestro espíritu y nuestra mente con la basura que el mundo vende; debemos de limpiarnos de todo lo que contamina o corrompe el cuerpo y el espíritu. Y de todo lo que no sea tan obvio como el pecado de adulterio; ya que existen maneras muy sutiles con las cuales podemos contaminar nuestro espíritu. No obstante, el mayor pecado que podemos cometer es no vivir en amor. Jesús declaró: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros…» (Juan 13:34). Por esa razón, cuando vivimos en odio y en falta de perdón nuestro espíritu se contamina. En cierta ocasión, Kenneth tuvo una visión acerca de una tubería y ésta se encontraba tan tapada que apenas salían unas pocas gotas del líquido. Dios le mostró que nuestro espíritu funciona de la misma manera, pues al no vivir en amor, éste se obstruye tanto que el poder del Señor ya no puede fluir. Lo cual significa que no debemos vivir separados de Él. Debemos destapar nuestra tubería, y perfeccionar la santidad a la cual fuimos llamados (1 Tesalonicenses 4:7). Es necesario que ya no contaminemos nuestro espíritu, porque ¡Jesús viene pronto! Y ¡Él regresará por una Iglesia que es santa! Por un pueblo que se ha consagrado para Él. El Señor vendrá por usted. Isaías 22-23; Salmo 38 Yo me limpio de todo lo que contamina y corrompe mi cuerpo y espíritu, me consagro totalmente a Dios (2 Corintios 7:1).

Scripture Reading: 1 Juan 2.15-17