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Él responde al clamor de fe Kenneth Copeland 07 October Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.

¿Sería posible que alguien pasara hambre, pudiendo comprar, en medio de un supermercado? Claro que sí. Sería absurdo e innecesario, pero podría suceder. Una persona podría estar “muriéndose de hambre” rodeado de gente ofreciéndole comida; pero si decide rechazarla, con el tiempo morirá. Usted talvez piense: “Eso es lo más ridículo que he escuchado. ¡Eso jamás ocurriría!”. Es probable que en lo natural sea cierto; sin embargo, en el reino espiritual, esto sucede a diario. Por ejemplo, Dios ya le proveyó sanidad a cada creyente sobre la faz de la Tierra. En lo que a Él respecta, ya es un hecho. No obstante, hoy en día un gran número de creyentes permanece enfermo y otros mueren. La provisión de Dios no los ayuda, pues no la han recibido. “Pero hermano Copeland, es más fácil decirlo que hacerlo. Es difícil alcanzar y recibir las bendiciones invisibles de un Dios que no puedo ver. Si Jesús estuviera aquí en la Tierra, yo las habría obtenido”. ¿Será cierto? Jesús no suplió las necesidades de todos los que encontró en Su camino. En medio de una multitud de personas, Él se detenía y le respondía a una sola de ellas. ¿Qué hizo que Él escogiera sólo a una, si sabía que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34)? La fe. Jesús no obraba fuera de la fe de las personas. Su ministerio no fue dirigido por las multitudes ni por Sus propias preferencias personales ni por la gravedad de una necesidad; sino por el clamor de la fe. ¿Por qué Jesús no le dijo a Jairo y a Bartimeo: De acuerdo a Mi fe sea hecho en ti, en lugar de Tu fe te ha salvado (Lucas 17:19; Marcos 10:52)? ¿Acaso Jesús no tenía fe? ¡Claro que sí! No hay duda de eso. Su conexión de fe con Dios jamás fue interrumpida; por tanto, siempre permaneció lleno del Espíritu Santo y de poder. Él siempre estaba ungido; sin embargo, para que ese poder y esa unción fueran liberados sobre alguien, debían ser tocados por la fe de un receptor. La fe y el recibir están íntimamente conectados. Si usted se encuentra hambriento de recibir algo, recuerde que todo lo que necesita ya le ha sido dado si es un creyente nacido de nuevo. Sólo crea que recibe, pues ¡Él responde al clamor de fe! Isaías 62-63; Salmo 59 Tengo fe en Dios. Tengo a un Dios de fe (Marcos 11:22).

Scripture Reading: Marcos 5:25-34