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Inicie su propio avivamiento de sanidad Kenneth Copeland 18 March ...[Jesús] mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

No hace mucho tiempo, hubo una época en que era tan difícil convencer a las personas para que aceptaran a Cristo como lo es sanarlas hoy día. ¡Es verdad! Las tradiciones religiosas habían convencido a la gente de que una persona promedio no podía obtener la salvación. Pero, gloria a Dios, siervos como Dwight L. Moody entraron en escena y comenzaron a predicar acerca del nuevo nacimiento. Empezaron a decirle a la gente que Jesús llevó sus pecados y que si recibían el regalo de la salvación por fe, ¡nacerían de nuevo! Denominaciones enteras, como los bautistas, les predicaron este mensaje a todos los que se les atravesaban en el camino. Usted podía escucharlo en cada servicio. Por ejemplo, si alguna persona se acercaba a ellos y admitía no ser salvo, uno de los creyentes lo abordaba, y le decía: “¡Amigo, Jesús murió por sus pecados! Sólo confíe en Él, recíbalo como su Señor y Él lo salvará en este mismo instante. Ahora bien, ¿qué cree usted que sucedería si cada persona decidiera aplicar de esa misma forma la verdad acerca de la sanidad? Yo puedo decirle qué sucedería. La sanidad llegaría a ser algo tan normal como el nuevo nacimiento, y nos preguntaríamos por qué durante mucho tiempo ¡tuvimos tantos problemas para recibirla! Además, en este caso, si alguien orara por sanidad y después confesara: “Dudo que haya recibido mi sanidad, pues no me siento mejor”. ¿Sabe qué se le contestaría? Lo mismo que se le responde al que titubea acerca de su salvación, sólo porque no “se siente” salvo. Algunos creyentes maduros lo abordarían de forma individual, y le dirían: “Escuche bien, no puede dejarse llevar por sus sentimientos, debe recibir por fe. Si espera hasta sentir algo especial para creer que es salvo (o sano), ¡nunca recibirá nada!”. Si ahora mismo está sentado, anhelando que el avivamiento de sanidad comience, ¡deje de desearlo e inicie uno propio! Escudriñe la Palabra, estudie y medite en la verdad referente a la sanidad y la redención; escuche predicaciones de hombres y mujeres de Dios que hayan recibido la revelación al respecto. Luego comience a predicarla. Hágalo para sí mismo, para sus hijos, e incluso para su perro, si éste fuera el único que lo escuchara. Es probable que no funcione para él, pero a usted sí le ayudará —y eso es lo que importa—. Si lo lleva a cabo, llegará al punto en el que peleará contra las enfermedades y las dolencias, de la misma forma que enfrenta al pecado. Usted será tan inflexible con Satanás cuando se trate de defender la redención de su cuerpo, al igual que lo es cuando se trata de la redención de su espíritu. No estoy diciendo que será fácil, porque no lo será; ni en esta vida ni en este mundo. Así como usted no puede vivir en victoria sobre el pecado sin realizar un esfuerzo constante, tampoco puede ir titubeando a lo largo de su camino y esperar que Dios deje caer la sanidad sobre su regazo. No, usted deberá permanecer firme y pelear la buena batalla de la fe. Y usted ganará… y el avivamiento de sanidad habrá comenzado. Deuteronomio 4-5; Juan 20 Jesús tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias. Por Sus heridas yo soy sano (Mateo 8:17; 1 Pedro 2:24).

Scripture Reading: 1 Pedro 2:21-24