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La semilla sembrada dos veces Kenneth Copeland 07 September Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera...

En Mateo 14, se describe cómo Jesús tomó la semilla —los peces y los panes del muchacho—, y agradeció por ésta, la bendijo, la repartió y se lo dio a Sus discípulos para alimentar a miles de personas. Sin embargo, antes de que Jesús hiciera todo eso, les dijo: «…Traédmelos acá» (versículo 18). ¿Por qué les pidió a Sus discípulos que le llevaran los panes y los peces? ¿Por qué quería tocar esa semilla? Por la unción del incremento. Esta unción es literal y figurativa en las manos del ministro, de la misma manera en que estuvo en las manos de Jesús aquel día. El proceso de Dios para bendecir la semilla es enviarla al ministerio, donde el ministro la recibe, la toca, la bendice, la distribuye o la siembra y después la envía multiplicada. Cuando el muchacho sembró la semilla —los peces y los panes— en el ministerio de Jesús, Él la recibió y le aplicó Su unción de incremento; luego la sembró en Sus discípulos y en la multitud. Después que toda la gente fue saciada, Jesús les indicó a Sus discípulos: «…recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada» (Juan 6:12). Las doce canastas llenas que sobraron le pertenecían al muchacho; sin embargo, esas cestas fueron una cosecha inmediata por haber sembrado directamente en el ministerio de Jesús. El cumplimiento de la cosecha del muchacho y de la obligación de Dios hacia él, fue el fruto de semillas multiplicadas y sembradas en la vida de 20,000 personas. El niño alimentó a las multitudes por medio de Jesús y tuvo suficiente semilla que le duró toda una vida. Ésa es la semilla sembrada dos veces. La semilla sembrada dos veces es donde usted y yo necesitamos aprender a ejercitar nuestra fe y a mantener nuestra expectativa. Es necesario que esperemos recibir Su unción en cada situación. Hemos llegado a una época de abundancia desmesurada, más allá de lo que podemos pedir o pensar; un tiempo en el que Dios le da la oportunidad a Su pueblo de tener más que suficiente en todo lo que Él desea que hagamos; en lugar de que el diablo se robe toda la cosecha tan pronto ésta crece en el campo. Piense en todos los misioneros que han ido a China, África y América del Sur, etc; ellos predicaron, derramaron lágrimas y entregaron su vida, y parecía como que el diablo tenía ventaja sobre ellos. Ahora bien, le tengo buenas noticias, toda la semilla que se ha sembrado durante los últimos 2,000 años —cada palabra predicada, cada gota de sangre y cada lágrima derramada— está brotando ¡ahora! Esos 2,000 años de valiosa semilla del evangelio que fue sembrada trae una cosecha del ciento por uno, y nosotros debemos recogerla. ¡Es el tiempo de la cosecha final de almas! ¡Millones de almas! Así que vayamos por ellas. Cantares 6-7; Salmo 25 Dios le da semilla al sembrador y pan para mi alimento. Él multiplica la semilla que siembro (2 Corintios 9:10).

Scripture Reading: Juan 4:35-39