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¡Lleve la gloria en su equipaje! Kenneth Copeland 21 November Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas… Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo...

Cuando estos versículos se refieren a sangre, fuego y columnas de humo; no se relaciona con destrucción. No, éstas vendrán antes del día de la destrucción. Son señales y maravillas en los cielos y en la Tierra durante el derramamiento del Espíritu. Note lo que afirma el contenido de la siguiente línea: «Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo [librado]…». ¡No es destrucción, sino avivamiento! En una ocasión, le pregunté al Señor: ¿Cómo lo harás? ¿Cómo lograrás que el sol no resplandezca? Entonces, Él me respondió que taparía la luz del sol con la nube de Su gloria. Esa nube, shekinah, de Dios se ha manifestado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto. En el Antiguo Pacto, el pueblo de Israel la observó en forma de columna de humo durante el día y en forma de columna de fuego por la noche. En el Nuevo Pacto, ese mismo fuego se manifestó en el día de Pentecostés. Luego Dios me declaró: Haré que la nube cubra ciudades enteras, entonces la gente no podrá ver el resplandor del sol. Y luego agregó: Por esa razón, debes estar listo. Le estoy compartiendo lo que Él me dijo. Si desea formar parte de ese gran mover, debe prepararse. Ya no critique a los otros creyentes, y deseche el pecado de su vida. Es necesario que ayune, ore y aprenda cómo ganar almas, ¡así que practíquelo! Aprenda cómo llevarlo a cabo, pues cuando el poder del Señor descienda y Su nube de gloria impacte a toda una ciudad al mismo tiempo; hombres y mujeres caerán bajo el poder de ésta y clamarán al Señor. Entonces cuando eso suceda, lo estarán buscando y el único lugar donde la verán será sobre el pueblo de Dios y Sus iglesias. Miles de personas irán corriendo a los templos. Y el Señor nos dará ciudades enteras; y no sólo eso, ese mover del Espíritu crecerá hasta que logremos que las naciones enteras fluyan hacia el monte de Dios. Luego la voz del Señor vendrá de forma más clara y evidente a usted como nunca antes en su vida. Él comenzará a indicarle qué hacer, qué decir, qué cantar, cómo orar, y veremos cómo las multitudes reciben sanidad y nacen de nuevo. Veremos hogares restaurados, y la gloria del Señor cubrirá toda la Tierra. Cuando eso suceda, será mejor que lleve la gloria en su equipaje ¡porque seremos arrebatados de este lugar! Ezequiel 36-37; Salmo 111 Invoco el nombre el Señor, y soy salvo (Joel 2:32).

Scripture Reading: Hechos 2:14-21