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¡No se pierda el mover de Dios! Kenneth Copeland 21 June Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.

El término lloro en este versículo representa en el Antiguo Pacto una forma de arrepentimiento. La palabra que se utiliza en el Nuevo Pacto para arrepentimiento significa: “darse la vuelta, cambiar la dirección a donde se dirige”. Sin embargo, en el Antiguo Pacto, llorar por su pecado y lamentarse por éste, era todo lo que se podía hacer. Usted no podía nacer de nuevo. No obstante, alabado sea Dios, en los tiempos del Nuevo Pacto no sólo puede demostrar la tristeza que proviene de Dios y que produce arrepentimiento para salvación (2 Corintios 7:10), sino que también puede deshacerse de ésta por medio de la sangre del Cordero. Sin embargo, en el Antiguo o el Nuevo Pacto, una cosa permanece igual: el arrepentimiento es obligatorio para todo aquel que anhele estar en el mover de Dios. Usted podría pensar: “Bien, seguramente no hay ninguna esperanza para mi iglesia. Hay tanta basura en ella que nosotros jamás nos arrepentiríamos del todo. La hermana fulana está enojada con el hermano zutano. Este grupo está molesto con el otro. ¡Y todos están enojados con el pastor! Supongo que nos perderemos de la gloria del tiempo final”. No esté tan seguro. Si la multitud que estaba reunida en el Aposento Alto el día de Pentecostés, pudo arrepentirse y llegar a la unidad en tan sólo unos días, entonces su iglesia también puede lograrlo; pero sólo si continúa orando y creyéndole a Dios por esto. “Hermano Copeland, ¿está diciendo que Pedro, Juan, María, la madre de Jesús, y todo el resto de los discípulos tuvieron que arrepentirse antes de que el Espíritu Santo descendiera sobre ellos?”. Sí, estoy seguro de que ¡había problemas en ese ministerio! El tesorero había estado robando, y al final se suicidó… el resto de los discípulos discutía acerca de quién sería el mayor… existía tanta contienda que incluso Juan y la madre de Santiago se involucraron en ésta… Pedro negó al Señor…; y así, sucesivamente. Pero en el Aposento Alto, dejaron a un lado sus diferencias. Todos aquellos que habían estado molestos el uno con el otro —la madre de Jesús, Santiago y sus hermanos, Pedro y Juan, etc. — se encontraban allí… y todo se había solucionado entre ellos. De hecho, la Biblia declara que ellos: «…estaban todos unánimes juntos» (Hechos 2:1). Le aseguro que allí ¡hubo un gran arrepentimiento! Y el Todopoderoso entró en escena. La gloria fue derramada. «Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen» (Hechos 2:2-4). 1 Crónicas 22-23; 2 Timoteo 1 Me convierto al Señor con todo mi corazón. Él es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia (Joel 2:12-13).

Scripture Reading: 2 Corintios 7:9-10