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No se queje, por favor Kenneth Copeland 20 May Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Es importante que reconozcamos que no podemos andar con Dios, y tener un poco de falta de perdón o aceptar un poco de ofensas. Si vamos a vivir con Él, debemos permitirle que Su amor quite toda falta de perdón. “¡Pero usted no sabe qué tan mal me trataron!”. ¿Dios ya perdonó su pecado? “Sí”. Entonces, perdónelos. Punto, y fin de la discusión. Deje de llorar y quejarse por lo herido que se siente. Talvez usted haya sido maltratado; no obstante, ¡supérelo! Todos han sido lastimados de una u otra forma. Puedo hablarle con claridad y precisión acerca de este tema porque Dios ya me lo ha enseñado. Recuerdo un día cuando me encontraba en casa y me sentía muy deprimido. Acababa de regresar de predicar y me pareció que tan pronto como llegué a casa, tenía que pelear contra el diablo. Me estaba quejando acerca de ello cuando Gloria me dijo algo que no me gustó. De todos modos, ella no se preocupa por mí —murmuré en mi egoísmo—. Justo después, el Señor habló a mi corazón y exclamó: Que no te interese si ella se preocupa por ti o no. Sin embargo, a ti sí te corresponde cuidar de ella. Entonces, Él agregó algo que nunca olvidaré: ¡Sólo a Mí me interesa si tú estás herido o no! Tus heridas significan mucho para Mí, pero éstas deberían parecerte insignificantes o nada. Como Iglesia, necesitamos aprender eso hoy. No debemos darle tanta importancia a nuestras propias heridas, sino remitírselas a Dios. Es necesario que tomemos una lección de los pioneros de la fe. Personas como Pedro, Juan y aquellos pentecostales que vivieron en la antigüedad, caminaban en las mismas fauces del infierno. Ante las persecuciones que ellos padecían, las nuestras son como un juego de niños. Ellos no terminaban llorando ni quejándose de cómo habían sido heridos, sino declarando: “¡Gloria a Dios, tenemos una oportunidad de sufrir por Su nombre! ¡Qué privilegio!”. Cuando usted adquiere esa actitud, no es difícil perdonar; pues no se ha enfocado en usted mismo, sino en Dios y Sus propósitos, en Él y Su amor. Si usted desea descubrir el secreto del verdadero perdón, su enfoque debe permanecer en Dios. Se nos ha encomendado perdonar a otros de la misma manera que Dios nos ha perdonado. 2 Samuel 24, 1 Reyes 1; 2 Corintios 11 Perdono a otros; así como Dios, por amor a Cristo, me ha perdonado (Efesios 4:32).

Scripture Reading: Mateo 18:21-35