Daily Devotionals
KCM
Palabras victoriosas de un soldado victorioso Gloria Copeland 10 November Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

En cada ejército existen soldados buenos y soldados flojos. Hay unos que ganan batallas y conquistan territorio enemigo; existen otros que fracasan y pierden terreno. Yo deseo ser un buen soldado para el Señor, ¿y usted? Quiero hacer retroceder al diablo, y que el reino de Dios avance. El apóstol Pablo fue esa clase de soldado. Él era un hombre de victoria pues triunfó en cada circunstancia. Por esa razón, el diablo intentó detenerlo una y otra vez con persecuciones, azotes y problemas de todo tipo. Sin embargo, él continuó marchando en victoria, predicando el evangelio, sanando enfermos, realizando milagros y edificando la Iglesia del Señor Jesucristo. Finalmente, Pablo fue encarcelado y encadenado, ¡imagínese lo terrible que debieron ser las condiciones de las prisiones en aquellos días! Sin duda, el diablo esperaba que eso lo detuviera —pero no ocurrió así—. En lugar de postrarse y sentir tristeza de sí mismo, utilizó su tiempo en prisión para orar y escribir cartas para ministrar a la gente. Él no sabía que estaba escribiendo cartas que formarían gran parte del Nuevo Testamento. Él estaba en prisión; no obstante, también estaba en el Espíritu. La prisión ni siquiera logró que disminuyera su marcha. Durante ese tiempo, él escribió 2 Timoteo 4:6-8, donde leemos: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera… ». ¿Acaso no son maravillosas estas palabras? Quiero pronunciar esas palabras cuando llegue al final de mi vida terrenal. Deseo saber que he peleado la buena batalla —¡y que la gané!—. Algunos podrían decir: “Bien, Gloria, ¡ése era el apóstol Pablo! Él era especial, y no todos podemos ser como él”. ¿Por qué no? Si tenemos el mismo Salvador que él, estamos llenos con el mismo Espíritu Santo, incluso tenemos las palabras que le escribió a Timoteo, su precioso hijo en la fe, justo antes de morir —instrucciones que Pablo sabía que le permitirían a Timoteo ser un soldado victorioso de la cruz como lo fue él—. Por ese motivo, usted sí puede ser un soldado victorioso. Puede conquistar territorio enemigo, hacer retroceder al diablo y lograr que el reino de Dios avance. Ezequiel 12-13; Salmo 98 He peleado la buena batalla, he terminado mi carrera. Por tanto, hay una corona de justicia guardada para mí (2 Timoteo 4:7-8).

Scripture Reading: 2 Corintios 11:22-33