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¿Por qué no dijo nada? Gloria Copeland 30 December ...creí, por lo cual hablé...

Observe el siguiente escenario: —¿A dónde quieres ir a cenar, amor? —pregunta el esposo. —No importa. Cualquier lugar está bien para mí —responde la esposa. Tomándole la palabra, el esposo va a su restaurante favorito. El problema es que a ella no le agrada ese lugar. Entonces al llegar ahí y empezar a ordenar, ella empezará a actuar un poco molesta. —¿Qué sucede? —Nada —contesta ella. —Algo te molesta. ¿Qué es? —La verdad no quería comer aquí, sino en otro lugar. —Bueno, y ¿por qué no dijiste nada? —preguntará él con desesperación. Éste es un pequeño ejemplo, pero ilustra una verdad muy seria. Algún día cuando nuestra vida terrenal termine, y nos encontremos frente a Jesús, alguien podría decir: “Señor, realmente necesitaba ropa para mis hijos cuando vivía en la Tierra… sanidad para mi cuerpo… y ser libre de mis problemas”. Es más, casi puedo escuchar a Jesús responder lo mismo que el esposo: Bueno, ¡entonces ¿por qué no dijiste nada?! Esas palabras pueden impactarlo. Quizá usted se encuentre en medio de una crisis sólo esperando que Dios actúe —cuando es Él quien está esperando por usted—. Jesús espera que cada uno de nosotros ejerza el poder y el dominio que nos ha otorgado, y que lo utilicemos para que coloquemos esas crisis, generadas por el diablo, donde pertenecen: ¡bajo nuestros pies! Jesús dijo: «…se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, [ustedes] vayan…» (Mateo 28:18-19, NVI). Imponga manos sobre los enfermos y éstos sanarán, echen fuera demonios; en otras palabras, Jesús estaba afirmando: Estoy dándote mi autoridad, ¡entonces ejércela! Sin importar qué crisis esté enfrentando ahora mismo, permanezca firme; tome autoridad sobre el diablo y ¡confiese algo! Declare: Satanás, en el nombre de Jesús, tomo autoridad sobre ti y sobre tus ataques contra mi vida y mi familia. Tomo autoridad sobre ti en esta situación, ¡y declaro liberación y victoria en el nombre de Jesús! Aparta tus manos de mí. Soy un hijo del Dios viviente, estoy cubierto con la sangre de Jesús ¡y soy libre! Amén. Ahora, el desafío es al salir del lugar donde realizó ese pacto de fe; es necesario que continúe confesando lo que creyó —lo que desea que suceda (Marcos 11:23)—. Si anhela un cambio, ¿por qué no confiesa el resultado que anhela? ¡Jesús proclamó que puede tener lo que declare! Zacarías 14; Malaquías 1; Salmo 148 Creo; por tanto, hablo (2 Corintios 4:13).

Scripture Reading: Mateo 28:16-20