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Primero edifique su cimiento Gloria Copeland 16 July Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

Jamás intente edificar una casa sin antes poner los cimientos. No importa qué tan ansioso esté por terminarla, o cuán emocionado se encuentre por amueblarla y decorarla de manera adecuada —primero tómese el tiempo para colocar un cimiento sólido—. Si usted no lo hace, esa casa será tan endeble que pronto se desplomará. Ése es un consejo simple, ¿verdad? Todo aquel que tiene sentido común lo sabe. Sin embargo, en el ámbito espiritual, la gente comete ese error todo el tiempo. Ellos leen acerca de alguna bendición que Dios les promete en Su Palabra, y se tornan tan ansiosos por obtenerla que ignoran los cimientos básicos de una vida íntegra en Él, y sólo van tras la bendición. Esto es cierto, especialmente en el área de la prosperidad. Muchas veces, la gente se siente tan desesperada por mejorar sus finanzas que sólo extraen de la Biblia algunas promesas de prosperidad y tratan de creer en ellas; sin permitir que el Padre cambie otras áreas de su vida. Desafortunadamente, al final, esto no funciona y esas personas terminan decepcionadas. Por esa razón, Dios inspiró al apóstol Juan a escribir lo siguiente: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 2). Ahora bien, observe que Juan no sólo dijo: “Deseo que prosperes”, sino también expresó: “yo deseo que prosperes, así como prospera tu alma”. Él relacionó la prosperidad financiera con la prosperidad de nuestra mente, de nuestra voluntad y de nuestras emociones. El plan de Dios es que crezcamos tanto en lo financiero como en lo espiritual. Pues Él sabe que resulta peligroso dejar la administración de grandes riquezas en manos de alguien espiritualmente inmaduro. Usted puede ver pruebas dramáticas de este hecho, en la vida de personas que adquirieron mucho dinero por medio del sistema de este mundo, separados de Dios. En la mayoría de casos, tales fortunas sólo contribuyeron a que tuvieran una muerte prematura y una miseria mayor que la que habrían tenido si hubieran sido menos adinerados. A la luz de esta realidad, es fácil entender por qué Dios desea que aumenten nuestras finanzas en la misma medida con la que crecemos espiritualmente. Él quiere que nuestra insensatez carnal mengue, a fin de que nuestra prosperidad nos traiga bendición y no daño. Usted podría expresar: “Gloria, yo necesito ayuda financiera de inmediato”. Por ese motivo, debe dedicarse a crecer. Ocúpese en edificar su cimiento para obtener prosperidad. ¿Cómo lo puede lograr? Al descubrir qué enseña Dios en Su Palabra acerca de ésta, y luego ponerlo por obra. Recuerde que la base de la prosperidad es un continuo estilo de vida edificado en la Palabra. Significa que debe llevar a cabo cualquier cosa que Dios le ordene, pensar lo que Él le indique que piense, y decir lo que le diga. La prosperidad de Dios es el resultado de poner Su Palabra en primer lugar en su vida —tiene que hacer ambas cosas: escucharla y obedecerla—. Por esa razón, ¡comience a edificar su cimiento ahora! Esdras 10; Nehemías 1-2; 1 Pedro 3-4 Así como prospera mi alma, yo también prospero en mis finanzas y en salud (3 Juan 2).

Scripture Reading: Lucas 6:47-49