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Se hicieron humo Kenneth Copeland 06 July Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

Palabras: si se usan bien, pueden mover montes; si se usan mal, pueden hacer que su vida entera se haga humo.

“Hermano Copeland “quizá diga usted, se me hace difícil creer que las grandes catástrofes puedan ser ocasionadas por unas simples palabras. No veo la relación”.

Considere lo que dice Santiago: “¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” ¿Alguna vez ha encendido astillas y las ha puesto debajo de un montón de leña? ¿Qué sucedió?

Probablemente las llamas empezaron a esparcirse de un leño a otro, hasta que todo se convirtió en un gran fuego. Después de apagar el fuego, si usted escarba en las cenizas no podrá encontrar las astillas que lo empezaron todo, ¿cierto? Las astillas se hicieron humo, no quedó ningún rastro de ellas.

La lengua es así. Primero contamina el cuerpo, luego inflama la rueda de la creación con un incendio tan grande que no queda rastro alguno de dónde se originó todo. Las palabras que empezaron el fuego se hicieron humo, no quedó rastro alguno de ellas; es como si nunca hubieran existido.

Por tanto, jamás subestime el poder de sus palabras. Puedo asegurarle que Satanás no lo hace. Él trabaja constantemente para hacer que usted las use en una manera negativa. Le disparará dardos de dolor, de enfermedad y de desaliento para hacerle hablar palabras negativas que harán que su vida se haga humo. Pero no le permita tener éxito. Apague el fuego siguiendo las instrucciones de Efesios 6:16. Haga lo que el apóstol Pablo dice: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”.

¡Ahora mismo, hable palabras de fe y apague el fuego antes de que se extienda más!

Scripture Reading: Santiago 3:1-10