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Señor, ¡bendíceme! Gloria Copeland 05 May Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.

¿Alguna vez ha deseado que Dios lo bendiga? ¡Me imagino que sí! Ahora bien, permítame recordarle que el Señor ya ha sido inmensurablemente bondadoso con nosotros. Nos ha dado más de lo que pudimos haber soñado: nos ha salvado, nos ha provisto de sanidad y nos ha bendecido en miles de formas distintas. Y eso es lo que necesitamos recordar cada vez que diezmamos. Deberíamos ir ante Su presencia, y agradecerle por dejarnos entrar a nuestra Tierra Prometida. Diezme con una actitud de agradecimiento. Al leer Deuteronomio 26, observará que eso les enseñó Dios a los israelitas. Él no quería que ellos trajeran su diezmo por compromiso, sino que lo depositaran de corazón; además, les ordenó que se lo propusieran y que lo adoraran con su diezmo. Deberíamos adoptar esa misma actitud cada vez que diezmamos. Deberíamos alabar al Señor, y declarar: Padre, una vez estuve perdido, fui prisionero del pecado sin esperanza y sin un pacto contigo. Mas Tú enviaste a Jesús para redimirme, lo enviaste a derramar Su preciosa sangre; a fin de que yo pudiera ser libre. Gracias, Señor, por librarme del reino de las tinieblas y trasladarme al reino de Tu amado Hijo. Gracias por recibir mi diezmo como una expresión de alabanza a Ti. Pero no tenemos que conformarnos sólo con eso; al igual que los israelitas, también deberíamos expresar: Señor, he traído el diezmo de mi casa. No me he quedado con él, sino lo he dado como Tú lo has mandado. Mira desde Tu morada santa, desde el cielo, y ¡bendíceme! (Deuteronomio 26:13-15). ¿Acaso ese tipo de conversación lo pone nervioso? ¿Cree que Dios se ofenderá si le pide que lo bendiga? ¡Claro que no! Él se complacerá. Después de todo, bendecirnos fue Su idea; eso ha querido el Señor desde hace mucho tiempo. No sea tímido. ¡Diezme con valentía! ¡Diezme con gozo! Déle a Dios el 10% de sus ingresos y el 100% de su corazón. Después regocíjese en fe, y diga continuamente: ¡Sea exaltado el SEÑOR que se deleita en la prosperidad de su siervo! (Salmos 32:27). ¡Manténgase a la expectativa de empezar a recibir! No límite a Dios, y permítale que se goce ¡prosperándolo! 1 Samuel 23-24; 1 Corintios 10 Yo honro al Señor con mis bienes y con las primicias de todos mis frutos; por tanto, mis graneros serán llenados con abundancia y mis lagares rebosarán de mosto (Proverbios 3:9-10).

Scripture Reading: Deuteronomio 26