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Siervos y siervas de Dios Kenneth Copeland 15 May Pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

En el día de Pentecostés, aproximadamente 120 siervos y siervas de Dios se encontraban reunidos en el Aposento Alto, perseverando unánimes en oración y ruego (Hechos 1:13-15). Estaban unidos, listos para moverse por las calles tan pronto como el Espíritu de Dios fuera derramado sobre ellos. Estaban cumpliendo exactamente lo que Jesús les indicó. Lo vergonzoso de todo esto, era que sólo una cuarta parte de quienes habían sido llamados se encontraban presentes. Jesús se les había aparecido a más de 500 personas, y les expresó lo mismo: «pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¡Aparentemente 380 de ellos decidieron quedarse en casa! ¿Cuál es la diferencia que existe entre los 380 que no siguieron las instrucciones de Jesús y de los 120 que sí? Los del primer grupo eran simples cristianos. En cambio, los del segundo eran siervos y siervas de Dios. Los términos: “siervos y siervas” en Hechos 2:18, provienen de la palabra griega doulos. Es la misma palabra utilizada dos veces, una vez en la forma femenina y otra en masculina. En este caso particular, doulos se refiere a alguien que de forma voluntaria está sujeto a la voluntad de otra persona. Ésta describe a un esclavo que puede ser libre si así lo desea; pero en cambio escoge ser de forma completa siervo de otro, por causa de su amor hacia esa persona. Si usted es un siervo o sierva, tendrá que comprometerse con el Señor Jesús. Dios no lo forza a adquirir ese compromiso en su vida. Puede cumplirlo por elección propia porque usted lo ama. Observe, cuando usted nació de nuevo, no se convirtió en un peón de Dios, sino en un hijo o hija del Altísimo. Usted fue hecho libre: «…Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Juan 8:36). No obstante, si en realidad ama a Aquel que lo ha hecho libre, entonces cambiará esa libertad por una vida de servicio hacia Él. Así actuó el apóstol Pablo. En Romanos 1:1 en la versión bíblica The Amplified Bible, él se llamo a sí mismo “un siervo atado a Jesucristo”. Escoja hoy ser un siervo… alguien que anhela permanecer siempre cerca y al lado del Maestro… sirviéndole de todo corazón con amor y devoción. Escoja ser uno de los siervos y siervas de Dios. 2 Samuel 14-15; 2 Corintios 6 No soy esclavo del pecado. Soy libre para ser un siervo de Jesucristo. Escojo Su voluntad sobre la mía (Juan 8:34-36).

Scripture Reading: Lucas 10:38-42