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Todos tenemos hijos Kenneth Copeland 15 June Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida...

Hace años, yo era como cualquier otro padre de familia. ¡Tenía una gran responsabilidad, pero poco entrenamiento! Entonces hice lo que siempre he hecho en todas las áreas de mi vida: busqué al Señor. Al buscar el consejo del Señor, Él me dio dos instrucciones importantes que literalmente cambiaron la vida de mis hijos. Y estas mismas instrucciones las he aplicado con mis nietos, y es sorprendente lo poderosas que son. 1) No exagere su pecado: Recuerde, ellos no sólo son sus hijos, sino sus hermanos y hermanas en Jesús. La Palabra indica que cuando usted vea a un hermano pecar; ore o pida, y Dios le dará vida (1 Juan 5:16). En Gálatas 6:1, leemos: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado». Restaurar significa: “trabajar para regresar algo a su estado original”. Debemos magnificar la Palabra y el amor de Dios, e interceder. Atar al diablo y recordarle que no puede apoderarse de sus hijos. 2) Trátelos con respeto: Confiese: “Nuestros hijos son enseñados por el Señor y grande es Su unción sobre ellos…” (Isaías 54:13, paráfrasis del autor), y luego actúe en fe de acuerdo con esa promesa de la Palabra. Trátelos como ungidos de Dios, incluso cuando actúen como “el mismo diablo”. Ahora bien, eso no significa que no necesite corregirlos ni que deba ignorar cualquier mala conducta. En realidad quiere decir que los discipline con respeto y en amor. Si desea y demanda respeto de ellos, entonces demande respeto de usted hacia ellos también. “Hermano Copeland, yo no tengo hijos”. Por supuesto que sí. Todos tenemos hijos. Ellos se encuentran a nuestro alrededor, en las calles, en su iglesia. Ellos forman parte de nuestra sociedad y afectan todo lo que realizamos. Comience a orar por el derramamiento de Dios en los niños a su alrededor. Éste es el tiempo de Dios para los niños. Es el tiempo de la cosecha entre las personas jóvenes. Cada vez que mire en la televisión noticias de niños que sufren violencia, confiese en voz alta: Nuestros hijos son enseñados por el Señor, y grande es la paz y la unción que está sobre ellos. Amén. 1 Crónicas 9-10; 2 Tesalonicenses 3 Mis hijos son enseñados por el Señor y grande es su paz (Isaías 54:13).

Scripture Reading: Salmo 127