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Triunfando en la batalla contra la carne Kenneth Copeland 27 April Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

¿Sabe usted qué se siente estar perdiendo la batalla contra su propio cuerpo? Yo sí… y eso, es deprimente. En mi vida como creyente, ha habido ocasiones en las que he deseado con todo mi corazón comportarme de cierta manera, y mi cuerpo parecía estar rotundamente decidido a hacer lo contrario. Hubo momentos en los que de forma desesperada quería perder peso; sin embargo, continuaba ingiriendo todo tipo de comida poco saludable. Hace varios años, hubo momentos en los que deseaba tanto dejar de fumar que arrojaba mis cigarrillos por la ventana del automóvil… ¡luego giraba el automóvil para regresar a recogerlos! Usted sabe a qué me refiero, pues también ha atravesado por circunstancias similares. Nosotros le llamamos a esto: la batalla contra la carne. Algunas personas dirían: “Claro que sí, hermano Copeland. Debemos luchar constantemente contra nuestra carne; pues ésta posee una naturaleza perversa: la del viejo hombre, la cual se opone a la naturaleza de Dios en nosotros”. Por favor, discúlpeme porque seré franco. Debo decirle que eso es lo más esquizofrénico que jamás haya escuchado. Cuando nacemos de nuevo, no somos la mitad de Dios y la mitad del diablo. Jesús pagó el precio en la cruz por todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Me molesta cuando escucho a un creyente hablar de su antigua, débil, pecaminosa y perversa carne. ¡No deberíamos expresarnos así! Porque Jesús permitió las heridas sobre Su espalda, a fin de que nuestra carne pudiera ser sanada. En Efesios 5:29, se nos dice: «…nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida…». Usted está creyendo algo que no es bíblico, y que no es normal ante los ojos de Dios, cuando comienza a aborrecer su propio cuerpo. Debemos crucificar nuestra carne, y ejercer dominio sobre ella. De esta manera, le enseñaremos a obedecer a Dios por medio de la práctica (Hebreos 5:14). Adiestramos y entrenamos a nuestra carne, al cumplir las ordenanzas del Espíritu y vivir conforme a la luz de la Palabra; en Gálatas 5:16 se nos revela la clave. En éste se nos indica que si vivimos conforme al espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne. Éste no afirma que aborrezcamos tanto a nuestra carne para que algún día cambie. Si usted es dirigido por su espíritu, no habrá necesidad de imponerle leyes a su carne. Porque su espíritu humano ha renacido y ya no desea quebrantar la ley de Dios. Éste fue hecho la justicia de Dios. Si perfecciona su espíritu humano y le da el dominio de su cuerpo; entonces en vez de ser controlado por su cuerpo, éste será entrenando para obrar con su espíritu, y no en contra de él. ¡Ésas son buenas nuevas! 1 Samuel 6-7; 1 Corintios 1 Le pertenezco a Cristo. Crucifico mi carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24).

Scripture Reading: Gálatas 5:16-18