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Una buena reputación Gloria Copeland 19 December La persona que está unida al Señor se vuelve un solo espíritu con Él.

Cuando Jesús instruyó a los primeros 12 discípulos, les enseñó la misma estrategia que había estado utilizando sobre la Tierra: «Vayan y anuncien que el reino de los cielos se ha acercado. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los leprosos y expulsen a los demonios. Ustedes recibieron gratis este poder; no cobren tampoco por emplearlo» (Mateo 10:7-8, DHH). Él también les explicó lo mismo a los 70 discípulos en Lucas 10:8-9. Usted podría argumentar: “Bueno, es cierto. Eso les ordenó Jesús en ese entonces. Pero Él tiene un plan diferente para nosotros”. ¡No, no es así! Pues antes de que Él ascendiera al cielo Sus instrucciones fueron las mismas: «… Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura… Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios… sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán» (Marcos 16:15,17-18). ¡Alabado sea Dios! Nosotros también tenemos el mismo nuevo nacimiento, el mismo Espíritu Santo y la misma comisión que aquellos primeros discípulos. ¿Recuerda usted qué hicieron después de que Jesús partió? Ellos continuaron realizando las mismas obras que Jesús —y las multitudes los trataron igual que al Maestro—. Les llevaban a los enfermos, a fin de que recibieran su sanidad. En Jerusalén, colocaban a los enfermos en las calles para que la sombra de Pedro los cubriera y los sanara, mientras él pasaba. Y ¿por qué lo hacían? Porque habían escuchado que si acudían a donde se encontraban los cristianos, podrían ser sanados. Ellos gozaban de una reputación igual a la de Jesús. Como resultado, la Iglesia primitiva ¡crecía a un ritmo de mil convertidos por día! Así debería ser con nosotros hoy. Tal vez responda: “¡Pero no puedo sanar a los enfermos! ¡Tampoco puedo echar fuera demonios!”. Quizá usted no… pero Dios sí, y Él vive en su interior. De hecho, las Escrituras afirman que una persona unida a Él se vuelve un solo espíritu con Él. Jesús lo manifestó de esta forma: «En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros» (Juan 14:20). Usted y Jesús son uno. Él es la cabeza y usted es el Cuerpo. Usted es Su instrumento en la Tierra, atrévase a creerlo. Sea lo suficientemente valiente para declarar las palabras que la Biblia manifiesta y cumplir la comisión que Jesús le asignó. Créame, la gente vendrá a usted por ayuda, el Espíritu de Dios lo ungirá: ¡y cosas grandes sucederán! Miqueas 5-6; Salmo 136 Estoy unido al Señor. Soy un espíritu con Él (1 Corintios 6:17).

Scripture Reading: Efesios 2:18-22