Daily Devotionals
KCM
Usted está a cargo Kenneth Copeland 29 June [Dios] le hiciste [a la humanidad] señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies.

Existe una frase que he oído incontables veces a través de los años, y cada vez que la escucho me gusta menos. Sin duda, usted también la ha escuchado, por lo general, se expresa —en extensos tonos religiosos— cuando las circunstancias son contrarias a lo que Dios nos ha prometido en Su Palabra. La frase es: “Bueno, hermano, usted debe recordar que… Dios es soberano”. Aunque parece muy espiritual, en realidad me molesta, no porque yo no crea que el Señor es soberano, pues con toda certeza sí lo es. Según el diccionario de La Real Academia Española soberano significa: “Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente. Elevado, excelente y no superado”. No cabe duda que Él es todo eso. Sin embargo, con frecuencia las personas que se refieren a la soberanía del Señor; en realidad están expresando: “Uno nunca sabe qué hará Dios, después de todo, Él es todopoderoso e independiente; el Señor hace cualquier cosa que desee cuando Él quiere”. El problema que surge al tener ese punto de vista con respecto a la soberanía es que nos quita toda responsabilidad. Al fin y al cabo, si el Señor es soberano, Él hará lo que desee. Entonces, podríamos sentarnos a mirar un programa de televisión y olvidarnos del asunto, ¿verdad? Esto es un error. Después de más de 41 años de estudiar la Palabra y de predicar el evangelio, me he dado cuenta de que Dios no puede hacer mucho en esta Tierra si no recibe ayuda de nadie. Aunque este planeta le pertenece a Él (es Su creación y Él es el dueño). En Salmos 8:6, leemos que Dios mismo le entregó el mando a la humanidad. Él no interviene en los asuntos de la Tierra cuando así lo desea. Él respeta el dominio y la autoridad que nos ha otorgado. Por ese motivo, hasta que se venza el contrato de la humanidad en este planeta, el Señor limita Su poder en este mundo, y sólo obra cuando se le pide. Por lo general, las personas que hacen las peticiones (los intercesores) son muy reservadas y oran en lo secreto; entonces algunas veces pareciera que Dios actúa por Su propia cuenta. Sin embargo, a pesar de las apariencias, la Biblia nos enseña, desde Génesis hasta Apocalipsis, que la conexión de Dios con el ser humano es a través de la oración y la fe. Cuando usted ve al Señor obrar de forma poderosa, puede tener la seguridad que alguien, en algún lugar, oró e intercedió para que Él interviniera. 2 Crónicas 10-11; Hebreos 2 Dios me ha dado señorío sobre todas las obras de Sus manos. Todo lo ha puesto debajo de mis pies (Salmos 8:6).

Scripture Reading: Santiago 5:13-18