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Viva en la gloria de Dios Kenneth Copeland 05 April A fin de conocerle, y el poder de su resurrección...

Dentro del espíritu de cada hijo de Dios existe un hambre divina. Ésta no se satisfará jamás con las cosas de este mundo ni las teologías de la religión. No es un deseo que se sacia con el tiempo. Por el contrario, entre más ande con Dios esta hambre se incrementará. A excepción de Jesús, el apóstol Pablo vivió conforme a más conocimiento revelado que nadie en esta Tierra. Incluso cuando les escribió a los filipenses, les habló acerca de un hambre espiritual que era tan poderosa que ensombreció por completo todas las demás cosas en su vida: «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo [el Ungido] Jesús, mi Señor [y Su unción], …a fin de conocerle, y el poder de su resurrección…» (Filipenses 3:8, 10). Al leer estas palabras, puede entender exactamente lo que Pablo deseaba… una profunda revelación del Ungido y Su unción… y conocer el poder de Su resurrección. ¿Qué es el poder de Resurrección? De acuerdo con Romanos 6:3-4, Jesús fue resucitado de la muerte por la gloria de Dios. De modo que el poder de Su resurrección es en realidad la gloria. El deseo más ardiente de Pablo fue conocer a Jesús, el Ungido y Su unción… y ¡experimentar la gloria de Dios! La gloria es el tema bíblico más inspirador. Es tan grande que debe leer el Antiguo y el Nuevo Testamento de principio a fin para comenzar a entenderla. En Éxodo 33:18, Moisés clamó a Dios para que le mostrara Su gloria; y Dios le respondió: «…Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro…» (versículo 19). La gloria de Dios es también Su bondad, es ¡Él mismo! Jesús está lleno y rodeado de la gloria de Dios, y de todo lo que ésta representa: toda la vida y la bondad. La muerte no puede tocarlo nunca más. Él ejerce toda autoridad tanto espiritual como física, en el cielo como en la Tierra. Todo lo que el ser humano y Dios tienen se representa en un sólo Ser, con la gloria de Dios fluyendo en Sus venas: Jesús. Hemos sido destinados a ser conforme a Su imagen, dirigidos hacia la misma plenitud de la gloria. Por esa razón, Jesús murió por nosotros. Ése es el motivo por el cual Él resucitó —para que de esa forma, ¡Él pueda traer muchos hijos a Su gloria! (Hebreos 2:10)—. En Romanos 3:23, se nos explica: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios». Sin embargo, alabe a Dios porque Jesús llevó nuestro pecado y el castigo de éste. Por tanto, podemos conocer y ser partícipes de la gloria. Debemos permitirle impregnarse en nuestra vida y ¡transformarlo todo! Sumérjase en ella. Reciba la revelación de ésta, y ¡viva en la gloria de Dios! Josué 9-10; Hechos 20 Decido conocer a Jesús y el poder de Su resurrección (Filipenses 3:10).

Scripture Reading: Romanos 6:3-4